Cómo comprar una autocaravana en Alemania. Volvemos a casa!

Bueno este es el último de una serie de post sobre como comprar una autocaravana en Alemania que espero que os hayan gustado. Me han quedado algunas cosas en el tintero que espero contar en próximos post. De todos modos, sabéis que podéis dejar vuestras dudas en los comentarios de debajo de cada post. También podéis, si lo preferís, enviarme un mensaje a través del “Formulario de contacto” que hay en el lateral del blog.

Ya hemos llenado la despensa y estamos ansiosos por coger dirección España. Creo que lo mejor para ir a España desde Dresde es por Mulhouse, así aprovechas al máximo las carreteras alemanas, pero en esta ocasión teníamos que pasar por Wiesbaden para hacer un favor a un amigo.

Las autopistas de Alemania son muy buenas, gratis y no parece que haya limitación de velocidad alguna. Si añadimos su pasión por los coches y su poder adquisitivo, no te debe extrañar que te pasen coches a 250 km/h. Y no uno sino varios coches potentes y supercaros nos adelantaron en las autopistas de Alemania como si estuviésemos parados.

Ha caído la noche y antes de acostarme quiero tomar algo caliente. Estamos en un área de servicio, entramos en el restaurante y pedimos un “coffee expreso please”. El restaurante está pulcramente limpio y vacío. Deben ser las 22:00h aproximadamente. Una camarera rubia bastante guapa está quitando las bandejas del buffet pero por sus sudores y su mirada denoto que algo no va bien. Cuando me doy cuenta tengo un café largo en taza alta y un café exprés en taza baja junto a un ticket que dice que debo pagar 6€ (3€ de cada café). Le digo al camarero que yo solo quería un café. El camarero debe tener unos 50 años. Sus autistas ojos negros reflejan el inconformismo traumático del que se siente fracasado. Al oírme ha dado media vuelta y se ha alejado. Le pregunto si habla inglés y ha levantado los hombros. Le digo que solo quiero uno y que se cobre uno, y él coge la taza alta y me dice: “Cofi”; luego coge la taza baja y me dice: “expreso”; y luego me señala el ticket.

A esas alturas, mi mujer ya me ha dicho que no discuta y que se tomará ella el otro café.

Tomando el café lo entiendo todo. El restaurante está enfermizamente limpio y ordenado. La camarera rubia acumula el sobreesfuerzo del que además de su trabajo tiene que soportar conductas extrañas en el entorno laboral. Todo parece indicar que ese camarero está a las puertas de un bloqueo mental, de un desastre psicológico que incide en su trabajo. Seguramente, si ahora me cayese el café desparramado por la mesa y el suelo, el camarero entraría en shock. Lamentablemente no os puedo contar qué ocurrió al final, no me quede a comprobarlo.

Hemos pasado la noche bien, la calefacción funciona perfectamente. A la mañana siguiente nos ponemos en ruta a las 06:00h aproximadamente. Llegamos a Wiesbaden a las 12:00h aproximadamente. A las 15:00h hemos terminado nuestros quehaceres allí y vamos a coger la autovía hacia España.

A la salida de Wiesbaden hay señales provisionales que modifican la ruta habitual. Yo estoy ocupado siguiendo el GPS y vigilando los muchos coches que se juntan a la salida de la gran ciudad. Me meto accidentalmente en un carril que se va estrechando progresivamente. Cuando me doy cuenta que no voy a caber detengo el vehículo. Todos los coches detrás de mí se detienen. Bajo de la AC. Algunos vehículos se han movido de su carril y todos los carriles de la autovía se han detenido. Creo que la detención llega hasta el interior de Wiesbaden. Los carriles están separados por unos postes móviles de plástico de color naranja y de un metro de altura aproximadamente.

Ha llegado un policía y sin decir nada ha apartado varios postes para facilitar el cambio de carril y desatascar el embotellamiento. Sin mediar palabra subo a la AC y cambio de carril para poder salir de aquel nudo. Otro señor con los pantalones a medio culo me está levantando la mano como diciendo “por ahí no era”, a lo que yo pensé “nada nuevo bajo el sol, amigo mío”. Más adelante, en la bifurcación que ha sido inhabilitada por las señales provisionales, hay unos vehículos. Todo parece indicar que la ruta ha sido modificada hace poco y que el personal responsable de aquello todavía anda por allí. Junto a aquellos vehículos hay otro señor que también me está mirando. Veo que junto a él hay sitio para estacionar la AC. Me parece buena idea arrimarme a ese espacio, así calmaré el estrés que acabo de pasar y verificaré mi ruta con ayuda de este señor.

El hombre lleva una camisa de manga corta de color azul claro con rodales en los sobacos del tamaño de un balón de fútbol y encima un chaleco fosforescente de color naranja. No debe tener más de 50 años. Su aspecto es típico alemán, pelo rubio con bigote del mismo color, tez rosada lampiña, ojos pequeños azules incrustados allá a lo hondo en una gran cara que sujeta dos inmensas mejillas colgantes. Su talante es arrogante, por como la muestra parece que está orgulloso de su preponderante barriga de 100kg. No hay duda, si Disney lo tuviera que dibujar, dibujaría un cerdo.

Se acerca a mi ventana y le pregunto en inglés si por esta carretera se va hacia España. El hombre me contesta también en inglés: “No lo sé, yo no voy a España”.

Yo no tengo ganas de bromas ni juegos, así que le contesto: “OK, bye”. He puesto la primera marcha y la AC se empieza a mover, cuando de repente oigo que grita: “AJESPRAJEN DEFAJEN MOJWEN COFEN PAJES COJEN…” o algo parecido.

Detengo bruscamente el vehículo y le miro. El hombre grandote con pinta de cerdo me está indicando con la mano que baje del vehículo y que le siga, se ha dado media vuelta y detrás del chaleco naranja pone “Polizei”.

Dado que sabe que no entiendo el alemán, su conducta es un claro ejemplo de abuso de autoridad. Todo parece indicar que ahora se enfundará su traje negro de la SS y me custodiará hasta la salida del primer tren a Auschwitz.

Afortunadamente, aparece un compañero del cerdo con signos evidentes de su cargo público que me pide la documentación del vehículo y me pide que les acompañe.

Llegamos a un monovolumen de la policía. Ellos dos ya están sentados junto a una impresora y yo de pie frente a ellos. Me acabo de dar cuenta que llevo una camiseta de manga corta negra que seguramente no es lo más indicado para esta situación. Les pido permiso para ponerme una camisa y coger el teléfono. Cuando estoy volviendo al monovolumen suena el teléfono. Es mi abogado. Al aparecer delante de ellos otra vez llevo una camisa Ralph Lauren y estoy hablando por teléfono con un abogado que habla perfectamente alemán. De repente, parece que el cerdo ha vuelto a la actualidad y se ha dado cuenta que es un empleado público al servicio del ciudadano, y su arrogancia ha desaparecido.

Al final de este episodio estúpido, todo quedó en una denuncia de 20€ y pudimos seguir nuestro camino.

Ya estamos en Francia, se acabaron las buenas carreteras gratuitas. Ahora toca combinar autopistas de peaje, autovías y carreteras nacionales. Esa noche la pasamos junto a una iglesia en un pueblecito francés.

Al día siguiente atravesamos Francia sin novedad. Al caer la noche paramos a dormir en una área de servicio de Valence. El área es muy grande, está muy iluminada y tiene McDonalds. Estacionamos junto a otra AC y otros camiones pero a unos 15 metros de ellos que hay más luz. Cuando estamos charlando en la calle antes de irnos a dormir, de repente, estaciona un coche gris “Hyundai” o “Kia”, con matrícula alemana, de donde baja un tipo alto, delgado, con pantalones cortos y una cerveza Heineken en la mano. ¿porqué ha parado un coche en aquella zona de autocaravanas y camiones?

El tipo tiene una pequeña sonrisa en la cara y ha mirado nuestra matrícula. Se dirige hacia nosotros. Nuestra matrícula se parece a las alemanas. Creo que él piensa que nosotros somos alemanes y yo no tengo ganas de hablar, estoy cansado, así que me apresuro y le digo que la acabamos de comprar en Alemania. El tipo dice que tiene más cervezas en el coche y que si quiero una. Mis respuestas no dejan lugar a dudas, no tengo ganas de charla, así que el tipo se va por donde ha venido.

Por fin en la cama, el día ha sido duro.

Al día siguiente me levanto a las 05:47h. Ahora un café y a seguir la ruta. Estoy buscando mis pantalones pero no los encuentro. El coche alemán ya no está,… que extraño. Le pregunto a mi mujer si sabe donde están mis pantalones. Empiezo a pensar que nos han robado. Compruebo mi cartera y tampoco está. Compruebo las puertas delanteras y están abiertas. A las 06:07h llamamos a Visa para que dé de baja la tarjeta.

Esta es la tercera vez que nos roban en una AC. Ahora ya no nos impresiona como las otras veces. Para no alargar este post lo dejo aquí y en otra ocasión ya me extenderé en este tema.

Seguimos nuestro camino, estamos ansiosos por llegar a España.

Atravesamos la frontera por Perpignan. Cuando vamos de vacaciones solemos ir por Canfranc pero en esta ocasión, como ya he dicho, tenemos algo de prisa.

La E-15 (AP7) está llena de peajes que obligan a detenerse muchas veces. Al llegar a Barcelona continúan las detenciones pero esta vez debido a abundantes atascos que con religiosa paciencia conseguimos superar.

En fin, este no ha sido uno de mis mejores viajes… espero que al menos os sirva para saber qué hay que evitar. A mí me ha enseñado mucho, y tengo muchas ganas de contarlo, es una cuestión de tiempo y de saber qué es lo que os interesa saber, por eso os animo a que dejéis más abajo vuestros comentarios y dudas y os contestaré encantado.

Bueno, y al final, el merecido descanso… La foto de abajo es en el área AC de Daimús. En nuestra primera salida recreativa.

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