Enviado por Guiacaravaning el Vie, 13/09/2019

Una de las ciudades más encantadoras y más desconocidas de Europa es Lisboa.

Su emplazamiento, situado en la desembocadura del río Tajo, hace de ella un lugar mágico con multitud de matices ideal para visitar en primavera.

Sin precisar de mapa alguno, la capital portuguesa posee multitud de lugares con encanto.

Perderse por sus calles se convierte en un constante descubrimiento de lugares preciosos, hermosas vistas, mercados con historia y buenos restaurantes donde comer de maravilla. Un buen punto de partida: la Plaza de Comercio. Desde allí podemos contemplar estupendas vistas en el conocido como Mar de la Paja, el río Tajo.

Como una extraña visión en medio de la ciudad, podemos ver barcas, lanchas e incluso algunos barcos considerablemente grandes después de la jornada de pesca o antes de salir a faenar. Si nos acercamos al famoso Muelle de las Columnas las vistas son espectaculares.

Sin evitarlo nos encontraremos con el Monasterio de los Jerónimos. Se trata de un encargo del Rey Manuel I, a principios del siglo XVI, el cual se financió con los botines conseguidos en las colonias portuguesas de la época.

La entrada del Monasterio, la conocida como Portada del Mediodía, es de estilo manuelino y tiene claros rasgos del plateresco español. Se trata de un conjunto monumental fantástico e impactante situado en el Barrio de Belem.

Dentro del mismo barrio admiraremos la Torre de Belem, Patrimonio de la Humanidad y su monumento más importante. Su majestuosidad es única. Un consejo: comprar la tarjeta "Siete Colinas", que sirve para tomar el tranvía, metro y autobús. Llegaremos así a la misma Torre con el tranvía desde la estación de Cais D Sodré.

Después podemos dirigirnos al antiguo barrio de Alfama, con estrechas calles y desniveles con ciertos vestigios árabes. Esta zona es imprescindible visitarla, pues posee atractivos como el Castillo de San Jorge, también encargado por el Rey Manuel I.

El castillo cuenta con una ciudadela que podemos visitar, murallas y torres. Todavía se conservan algunos de sus cañones y, en el mirador, las vistas son impresionantes. Recomendable visitar la Feria de Ladra, donde antiguamente se comerciaba con objetos robados y que posee el mercadillo más famoso de la ciudad.

Allí cerca, está la Iglesia de Sao Vicente de Fora, rodeada de tenderetes con atractivas antigüedades. De noche nos espera el Barrio Alto. Sus callejuelas están llenas de bares pequeños, por eso la solución típica es sacar las bebidas y montarse la tertulia en la calle. Esto dura hasta las cuatro de la mañana, hora en la que los bares cierran.

En el Barrio Alto no hay locales más recomendables que otros. Lo primero es cenar y luego lanzarse a la aventura.

Podemos empezar la noche en la Tasca do Chico, donde los lunes y los miércoles por la noche, hay espectáculo de fados. Este espectáculo es absolutamente portugués, auténtico y para nada es caro.

Pero también podemos acudir al Palpita-me, también situado en la Rua do Diário de Notícias. La cerveza es la bebida típica del Barrio Alto y es excelente. También la caipirinha y sus variedades: caipirosca, caipirao...

Si estás pensado en descubrir una ciudad diferente y llena de encanto, no lo dudes: visita Lisboa.

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